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¡Qué van llevando a la
Virgen!,
¡qué es por
Ella y van diciendo
que al cielo la van llevar!
¡que está la Virgen gimiendo!
¡que Ella no quiere marchar,
que hondo pesar, va sintiendo!
Que el Nene que lleva en brazos,
Dios es, Hijo del Eterno
y unido a El, por los lazos
de ese Amor, que es lo primero,
prieto, lleva en su regazo,
el cariño de su Pueblo.
Que así, de arrugas y penas,
está su rostro marcado
y sus ropas, no protegen
ya a ese cuerpo, longo en años,
que la carcoma denota,
los siete siglos pasados.
Que cuentan, Viejos, en dichos,
que Esa, que fuera Doncella
de quién tuviera el capricho
que a Esa Mujer hizo bella,
de Solanilla, la hizo
Señora de las Rutiellas
¡Que van llevarse a la Virgen,
que ya vienen a por Ella!
‘Que no es
verdad, lo que dicen,
que marcharse Ella quisiera!
Que después de tanto tiempo,
¿qué amor, de tantos, tuviera?
J.A. Llamazares.
H/ ¿Te ha gustado madre?
M/ ¡Si, claro que sí!,
mucho, pues en estos versos se condensan los sentimientos que en aquellos
días embargaban a los vecinos de este nuestro querido Pueblo, sí me ha
gustado y es una pena que con el tiempo todo se vaya olvidando.
H/ ¿Qué más me debes de
contar, que recuerdes?
M/ No tengo mucho más que
decirte y que ahora recuerde, de estos muchos años vividos y de los
ochenta para acá, seguro que tu tienes mejor memoria.

De la fiesta del
Pueblo.
H/ ¿ En mi niñez madre, la
fiesta de San Esteban era la única que se celebraba, verdad?
M/ ¡Claro que sí!, pues la
del Corpus no tenia raigambre ninguna y hace pocos años que se celebra
como ahora, prácticamente desde que los jóvenes que tienen ahora de 35 a
40 años y que como Rosi, Pili y otras más, se les ocurrió, siendo estas,
en sus años de juventud, sus verdaderas promotoras de lo que hoy
celebráis. Pero como te digo, la principal fiesta, ensalzaba al Patrón de
Pueblo y siempre se contrataba músicos para la ocasión. La dulzaina y el
tambor desde que yo recuerde y así había en el mismo Pueblo de Solanilla
quienes tocaban muy bien la dulzaina, como Tío Benjamín o Tío Cruz y otros
redoblaban el tambor con destreza como Tío Dacio, mi padre o Abundio y más
tarde, alguna pequeña orquesta, como Los Rodriguez, que muchos años
vinieron con nieve, amenizando el baile en las eras o en la casa Concejo.
Tampoco faltaba nunca el corro de aluches de rivalidad entre los Pueblos
de la Sobarriba y la Rivera, por ver quién se llevaba el mazapán. En la
fiesta del Patrón siempre se congregaban un sin fin de Pobres de los de
antes, que a la salida de la Misa, recibían hogazas de pan bendito, que
los vecinos ofrecían y que repartían entre los presentes y que luego, unos
llevaban y otros lo canjeaban por dinero u otros enseres de utilidad.
H/ Esto sí que me acuerdo,
y poco a poco se fue terminando, gracias a Dios, pues la gente hoy al
menos, dispone de lo más elemental para vivir.
M/ Sin duda que sí y con
esto, ya vamos llegando a estos años, en que el Pueblo se ha convertido en
un puñado de vecinos, que a diario apenas se ven, pero llegado el día de
fiesta, parece revivir del letargo diario, como la mayor parte de los de
nuestro entorno.
H/ Seguramente sí y la
historia de estos años, otros la deberán contar con una perspectiva
temporal mejor, pues de estos, quedan muchos datos escritos y por tanto la
realidad de las cosas es más evidente. Como te he mencionado en ocasiones,
mis mejores recuerdos, como por otra parte es lógico, son los de la niñez
y para terminar, como muestra de ello, te voy a recitar un poema, que hace
tiempo escribí y que está dedicado a todos nuestros Abuelos, muchos de los
cuales apenas conocí y a otros ni siquiera me he acordado de sus nombres,
pero todos están en el sentimiento. Lo llamé:
"Mi niñez" y dice así:
De grupa, haciendo con
ramas
levantar nubes
queríamos,
de tierra de nuestras calles,
cuando de niños corríamos.
Si acaso el aire no hacía
Arrancar torvas de polvo,
Desde la Varga a los Prados,
Nos encargamos nosotros.
La rivalidad extrema,
No hay medianas si no tornas,
Piedras y palos envisten,
Toma la Varga la tropa.
Éramos niños traviesos
Como los de cualquier pueblo,
Si bien, todo cuanto digo,
Es nuestro, de nuestro pueblo.
Si de la ciudad llegabas
Por la Juncar o la Varga,
Costaba, otear la aldea,
Igual que por la Atalaya.
Frondos árboles la envuelven,
Negrillos en abundancia,
Algún chopo y mucha zarza,
Roble ciruelo y mostaja.
No viene en balde lo dicho
En estos versos primeros,
Pues fue, mi pueblo un oasis,
De mucho ramaje envuelto.
Mi pueblo el más lindo era
Y escribo, como en mis sueños
De la niñez, se me agolpan
Desdibujados recuerdos.
"Rosana el guante" gemia
En la cuadra Tía Julita,
La Biblia en verso contaba
Con embeleso, su hija.
Si Victorina, en ausencia
No nos relata sus cuentos,
Nunca nos faltaban cuadras
Donde pasar aquel tiempo.
De Nicasio, de Lorenzo,
De mi abuelo el Tío Jacinto,
De Jilón, de Secundino,
De Manahén o de Sergio.
En las cuadras se estudiaba,
Se bebía y se cantaba,
Retocaban el concejo,
Que aquel domingo, se hablara.
La cuadra era aquel lugar,
Donde chicos y mayores
Pasaban, largas las tardes,
Contando bromas y amores.
Primero, en casa el Tío Floro
Tubo el herrero, la fragua,
Mas, de antiguo, trasladara,
Allí donde aún hoy se halla.
De Dacio, la fragua pone,
Los brazos mozos, a punto,
Sacando chispas al hierro,
Con el macho, sobre el yunque.
Cual goma estirar las rejas
O añadir pieza al bocado,
Que la tierra, había mordido
Al arar aquel sembrado.
A herrar la rubia o la mora
Que no cojeen ni áspien,
Sacarlas las sanguijuelas
Que hacen que la boca sangre.
Cuando en mis primeros años
A la escuela me enviaran,
Fue Dª Luz mi maestra,
Mas bien poco me enseñara.
De Villaobispo venía
A cantar el "cara el sol"
Y cuando Ella, no lo hacía,
Manda a su hijo, sin "don".
¡Cerrar las ventanas todas!
Para que sitio quedara
Y a un lado, hacer los pupitres
Que al topo, bien se jugara
¿Qué más, de chicos queríamos:
Abundio, Daniel, Cirino,
Tino, Asterio, Olegario,
José Antonio o Diamantino?
¿Macrina, Piedad, Matías,
Brigi, Beraní o Victoria,
Epigmenio o Casimiro
O el hijo de la Tal Doña?
Y si al recreo salíamos
En tiempo de esparcimiento,
Con los "cartones" o al "trompo"
O en los "bolos" se iba el tiempo.
De tarde apañas las "tromas"
Pa que coman los conejos,
Que ha sido un invierno crudo
Y se han que dado en los huesos.
Gratos recuerdos, aún tengo
De la niñez de aquél tiempo,
Era, del Pueblo, bien pobre,
Pero, más libre que el viento
Fueron los años difíciles,
Después de la lucha infame
Mas creedme cuando digo
Que nunca pasamos hambre.
Las necesidades todas,
Mas, ambiciones ninguna,
El pan nos sabia a gloria
Y, era un duro, una fortuna.
Y aunque no juzgue real,
El hecho que un niño advierte,
Recuerdo así yo los días
Y aun disfruto aquel presente.
Las ranas de "Fontisnán"
Y del "Pozón"las culebras,
Nos temían, si de tarde,
Pensar, íbamos tras ellas.
Y al igual que en el Antruejo,
Cuando a las chicas pillamos,
Con unto de carro era,
Con lo que las maquillamos.
Por miércoles, la ceniza,
O al calvario, o en Pascua
A escuchar a Manahén,
A oír qué tono entonaba.
O a ayudar a misa a Eurípides
Que la misa trafullaba.
O al corro el día del Hábeas,
Que el mazapán se luchaba.
O a San Esteban, el mártir,
Patrón del Pueblo y querido
Que de la "Cota"venía,
Según contaba aquel dicho.
Muchos Pobres se agolpaban
Para el reparto del pan.
En la Solana, sentados,
A ver lo que toca, a cuál.
Luego cambiaban la "dote",
Por vino, de garrafón
O lo vendían a peso,
Si lo ofrecía el "postor".
Por San Justo o la Ascensión,
Sin dejar feo a San Blas,
Con tiempo frío o calor,
Nunca nadie hubo faltar.
A fiesta se debe ir,
Que hay familia y diversión,
Que hay "puchero" de gallina
Y a demás obligación.
De inviernos los días largos
Crudos,¡hay! De pesadillas
De "pardales" y de "liebres",
Que eran presas de rapiña.
Los inviernos se aprovechan
Pa tejer, coser e hilar
Pa echar "pellas" a madreñas
Y la "quilmas" repasar.
Araos poner "orejeras"
Ajustar "manilla"y "corras",
Hacer "carriegos" de mimbres
Que en la vendimia, son rotas.
En mayo era el madrugar
A pedir en "Rogativa",
Que no se apedree el campo
Ni se pierda la semilla.
¿Y en verano?, si la nube
Arrojar piedras, nos quiere,
¡A prisa, tocar Campanas
Del Pueblo, a ver si se atreve!
Y a prisa crecen las zarzas
Los caminos estrechando.
Tocar de nuevo a hacendera
Y en este tiempo, arreglarlos.
Rellenar atolladeros
Pa que no vuelquen los carros,
Pues además de los baches,
Hay vientos por San Pelayo.
Si es de la guadaña el tiempo
Del cereal o la hierba,
Con el "yunque" y el martillo
´ quitan al corte, las "mellas".
Fuera labor minuciosa,
Picar Guadañas y Hoces
Pues del "filo" que sacasen,
Daban fruto sus sudores.
Y como el Sol ignorante,
A traición fuese pillado,
Cuando asomase sus rayos,
Mucho ya era lo segado.
La mies ponen en "morenas"
Y con cuidado, casando
Cortes y espigas, de "brujas"
Evitar lleven volando.
Con las vacas se trillaba
Cuando el rigor del de arriba,
Apretaba de lo lindo
Y la paja más crujía.
Y en el tiempo que la "bielda"
Saca el grano de la paja,
Se dormía entre la "parva
Por no dormir en la cama.
Por si acaso algún ladrón
De noche ha venir con sacos,
No venga a sacar el "unto",
Que venga a llevarse el grano.
Ya la alegría en la tasca
Hubo en tiempos los domingos,
En casa Isidro, primero
Y más tarde en casa Ovidio.
Con la "gramola " bailaban
Tangos, vals y pasodobles
Y vaya jarros que echaban
Del vino, que hace ver doble.
Y el horno está, de mi Abuelo,
Al lado está, del "agar".
En el horno hace mi Abuelo
Una vez al mes, el pan.
Y una vez al año hace
El vino , en aquel "agar",
El vino es de pocos grados,
Pero es de uva na más.
Nobles gentes dio esta tierra
Que yo recuerdo, de bien
Y bien conservan, aún hoy
La buena herencia de ayer.
Pues mi pueblo conocido,
Fue en toda la Sobarriba,
Aquí había Juez de Paz,
Pa que impartiera justicia.
Las paredes de su casa,
Estaban siempre adornadas,
Con siluetas de un equino
A las argollas briadas.
"El que parte, bien reparte",
Dice el refrán, por su parte,
Mas la Ley es para todos
Y el Tío Daniel, quien la imparte.
En mi recuerdo pervive
La figura del Tío Cruz,
Voz fuerte, recio el carácter,
De ovejas, perros, su luz.
De su saber pastoreo
La "cota" tenía en contra,
Flor de estepa, en primavera
Y en invierno, sangre loba.
Tengo imágenes borrosas
De cómo la casa ardió,
De Tía Modesta y Tío Cruz
Y en qué estado se quedó.
Recuerdo hombres y mujeres
En medio de la Solana,
Portar calderos con agua,
Hasta que bien se apagara.
Luego hicieron casa nueva,
De ladrillo la fachada,
La hicieron, para incitar
A los chicos a escalarla.
Fuego y humo se repiten,
Graban de niño mis ojos
Que bien fue por el descuido,
De una vela, en su acongojo.
Pues se le fue de las manos,
A Tía Gabina la vida,
Un diecisiete de agosto,
Cuan negro y triste sería.
Día aciago, por la tarde
Sala el humo pol tajado,
Dan cuenta y tocan a quema,
¡ La Iglesia se está quemando!.
¡Abrid las puertas, a prisa!
Y en tromba, con gran estruendo
Se oye al caer el altar,
Que en ascuas se está partiendo.
El Lienzo del "Monumento"
Tras el retablo se hallaba,
Lucas y Juan se abrasaron,
Mateo y Marcos lloraban.
Estos retazos que escribo,
Aislados por la memoria,
Son de mi Pueblo pequeño,
Los pesares y las glorias.
Gloria fue y gran regocijo
Ver el agua en la Solana,
Sola de los Pozos viene,
Llena de esfuerzo y de ganas.
-¡Y digo! Sacos llevaba
Del Tío Patricio, al molino,
A lomos de aquella burra
Mi Padre, con muy buen tino.
De uno en uno, los llevaba
Pa que durasen más tiempo,
Pues debía, se estirar,
La harina, el salbao y el pienso.
La electricidad ya hacía
Girar tal tamañas piedras,
Que trituraban el grano
Pa sacar la harina fresca.
De muchos Pueblos llegaban
Y a cada cual, su "Maquila",
Con carros, caballo o burra,
Que a por harina venían.
Si a León debíamos ir,
Pues era ruta obligada,
El molino, cual posada,
Era de tarde o mañana.
Allí pasamos la noche,
Mi madre y yo bien pequeño,
La nube se puso en contra
Y Castor nos dio aposento.
Hacia atrás echando el tiempo,
Son de uno en uno pesares,
Los que quedaron, después
De perder tantos amores.
Solo recuerdos aislados
De Gentes que ya se fueron.
¡Cuantos años han pasado!
¡Cuantos años, flor de un tiempo!
Mi abuelo Quico, del cual
No conservo ni un reflejo,
Mas siempre escuché a mi Padre,
Que era humor, juicio y talento.
La madre que yo recuerdo
De mi Padre, Rosalía
Tenía duro el carácter,
No era de tiernas caricias.
Mas bien, el nombre fue propio,
De mi otra Abuela, Tía Ángela,
Gruñona, pero del cielo
Y mujer donde las haya.
Ya conocí, de mayores,
A Juanón, Pepe y Cristencio,
Al Tío Gilón, mi padrino,
A Juliana y Eliberto.
De Floro, Esperanza y Lopez,
Solutor o ManaHén,
Tía Eufrasia y Tío Gerardo,
Bien yo doy testigo y fé.
La Parca llevó a Venancio
Y a mi Tío, allá en Palencia
Y a Magdalena los niños
Y al Tío Anselmo y a Inocencia.
Y a mi otro abuelo Jacinto,
A Prudencio y Don Benito,
A Tía Modesta y María,
Secundino y Felicísimo.
También llevó a Iluminada
Y a Cruz y a la Tía Piedad
Y a más que aquí no menciono,
De otros no me acuerdo ya.
Nos abandonó Mateo,
Mi Tío Mauro y Nicasio,
Consolación y Gilín,
Secundino y el Tío Santos.
Adiós, Paulino y Damián,
La una y otra Asunción,
También dijeron adiós
Tío Daniel y anunciación.
El tiempo ya se detuvo
Para Arcénida e Isidro.
También rindieron ya cuentas,
Tía Baldomera y Jacinto.
Del traslado del Tío Sergio
Ya Caronte se encargara,
De Tía Julita y Rolindes
Y a Teodoro, bien llevara.
Y al otro lado del lago,
También llevase a Lucinia
Y a otros muchos que engrosaron,
El jardín que nos dio vida.
Las ramas y flores de hoy,
Son las raíces, que un día
Cercano ya el medio siglo,
Derrochaban gozo y vida.
Cuán pequeño es este Pueblo,
Pero mi orgullo es por Él,
Yo por eso siempre digo
Que aquí es donde fui a nacer.
Bien, antes de terminar,
Brindo yo, en la Sobarriba,
Pues es tierra de quien hablo
Y se llama Solanilla
H/ Como podrás comprobar
querida madre, he recordado muchos detalles que en la niñez se viven con
más intensidad, arrastrándolos uno durante toda la vida y he tratado por
tanto, de dejar breves pinceladas de lo que el siglo que acabamos de
terminar nos deparó, a ti y a otras personas muy especialmente pues
conocisteis los primeros albores del mismo y entre todos hemos tratado de
dejar constancia de ello, de manera amena, eso sí, a fin de hacer
agradable su lectura. El final del siglo XX ha conocido situaciones
dolorosas, muchas de las cuales hemos mencionado, pero no obstante da
enorme satisfacción, ver cualquier fin de semana, esa juventud sana y para
lo que es el Pueblo, ciertamente abundante, que no falta a sus citas, ese
juego de bolos que cada domingo discute alguna de las reglas no escritas,
el partido de futbol de difícil clasificación, si atendemos a la edad de
sus participantes, esas pequeñas obras que en estos años se han ido
realizando paulatinamente eso sí y en fin que aunque son a veces los
sinsabores difíciles de sobrellevar, merece la pena seguir intentando
dejar un Pueblo mejor a quienes nos sucedan.
M/
Desde luego que si, pero no se si las fuerzas me aguantarán, la Navidad
se aproxima y parece que las emociones también, flaqueando la memoria al
par que el cuerpo. Este 2003 ha sido mejor que el pasado, pero algo me
dice, que también para mi está llegando la Navidad.
H/
Han transcurrido unos meses y...tenías razón, querida Madre, hemos
debido pasar todos unidos, un tiempo lleno de sensaciones que turban la
razón y en el que ocupaciones ingratas nos han distraído de los relatos
que meses atrás me venías contando y que si no te importa mucho, querida
Madre, me gustaría que prosiguieras, descubriéndome acontecimientos que
yo no conocí de estos andares de las Gentes del Pueblo.
M/
¡No faltaba más, hijo mío! Siempre que el ánimo no te falte, a ti
ahora, te contaré cuanto desees, pues yo dispongo de todo el tiempo que
tu me puedas prestar y además la mente en esta situación está más
clara y seguro que sabré enseñarte a comprender aquellas cosas que te
sirvan de reflejo de lo que fue y solo con la emoción reprimida,
analizando errores y cosas buenas aprenderás para el futuro, sirviéndote
de ejemplo.

Día
Quinto:
La Trilla.
H/
¡Hay madre!, Llevo esta época falto de concentración en todo y los
fantasmas se apoderan con frecuencia de la realidad.
M/
La vida, hijo, también es fantasía y todas cuantas cosas hemos
recordado, reales en otro tiempo, hoy añoranzas e ilusiones son.
H/
¿Y esperanzas, madre?
M/
¿Acaso, querido hijo, estos recuerdos no son el fruto de la esperanza?,
¿La realidad de niños, ilusión de mozos?, ¿El añorar del viejo, ser
niño de nuevo?
H/
Si madre si, pero hay que seguir de nuevo día a día, trabajando y también
divirtiéndose, que así fue siempre.
M/
Nuestra época no fue igual, no, no. También nos divertíamos,
¡pero qué distinto! Desde bien pequeños en el tiempo de verano cuidando
las vacas, la burra, llevando el almuerzo a las tierras o trillando no
daba para más.
H/
Por cierto madre, aquellos recuerdos sobre la “trilla” ¿son tan
bonitos como aparecen reflejados en los posters? ¿no, verdad? La trilla
no era semejante a una ruleta, tras la que se daba vueltas para
divertirse, sin duda.
M/
¡Desde luego que no! Te contaré y verás lo duro que era, hasta
conseguir separar el grano de la paja, que en definitiva de eso se
trataba.
H/
Empieza pues a contarme y tomaré algunas notas que otros podrán leer,
pues seguro que ahora lo entenderé mejor.
M/
En torno a las fiestas de S. Juan, la segunda quincena de junio y por
supuesto según los años, se empezaba la siega de los cereales, que en
estas tierras de la Sobarriba se reducían básicamente a trigo, centeno,
un poco de avena y algo de cebada, dependiendo del tiempo, cómo se
pudiese realizar la sementera antes del invierno y si quedasen para la
primavera muchas o pocas tierras sin trabajar. Muy en
pequeñas cantidades se sembraba algún garbanzo, casi siempre para
el consumo propio o alguna pequeña venta, también chochos, titos, algo
de beza y algarroba. El consumo como digo,
solía reducirse a la manutención de dos a cuatro vacas, una docena de
ovejas, otras tantas gallinas y alguna coneja paridera, excepcionalmente
algún curro, una o dos yeguas y los menos pudientes una burra que no era
poco.
La siega, según te empecé a contar, se prolongaba a todo el mes de julio
y a veces parte de agosto, siendo le semana de Santiago, la tradicional de
la siega del trigo.
Durante buena parte del siglo XX, las herramientas para este tipo de
trabajos eran la Hoz primeramente y luego la Guadaña. Una vez cortada la
mies se iba acondicionando en Gabillas (pequeños montones de mies,
dispuestos los cortes a un lado y las espigas otro)
Estas Gabillas se ordenaban con las espigas hacia fuera y los cortes de
una, frente a los de otra, con en fin de protegerlas de los vientos o
torbellinos propios del verano, durante los días que deberán permanecer
en las tierras. Este orden de Gabillas, de tal manera dispuestas, se
llamaba Morena. La mies ya segada y bien recogida con el Rastro, solía
dejarse un tiempo en la tierra con el fin de que secase bien y además se
hiciesen más compactas las Gabillas para estar en las mejores condiciones
para el Acarreo, lo que influía incluso en una mejor adecuación para el
traslado, a vida cuenta de las condiciones en que se encontraban los
caminos en no pocas ocasiones, con el peligro de entornar consecuente.
H/
¡Cuéntame madre!, ¿cómo se disponía todo para el acarreo?
M/
Para tal menester, los carros disponían de unos aparejos propios, a ver
si soy quien para explicártelo, de forma que lo comprendas bien.
En el tablero del Carro, atravesados adelante y atrás, se colocaban dos
tablones robustos a cuyos extremos se había hecho unos agujeros como de
tres por doce cm. más o menos que sobresalían del tablero del carro.
Cada una de estas piezas se denominaba Berbion. Los agujeros
de los Berbiones servían de punto de apoyo a los aparejos propios para el
acarreo, que consistían en cuatro puntales, dos a cada lado, en paralelo
por tanto y de madera noble, cual podía ser negrillo, roble u otra de
gran resistencia. Estos puntales habían sido taladrados en dos alturas
adecuadas también en medidas semejantes y en esos agujeros, introducidos
dos largueros que sobresalían del largo del carro entre uno y dos metros
por delante y por detrás. Tales aperos para el acarreo se llamaban
Pernillas. Los dos largueros de las Pernillas de cada lado, en la
parte que sobresalían del tablero del carro, se enlazaban con unos
Cordeles para el acomodo de la mies, por la parte trasera hasta las
Corzas, base formada por dos largueros fijados a los laterales del carro,
cuyas partes sobresalientes traseras se unían por tres traviesas, para
formar la base sobre la que depositar las Gabillas. Las Corzas se
sujetaban a la base del Carro mediante la presión que ejercían sobre
ellas los Berbiones.
Tanto los laterales como la parte delantera igualmente se entrelazaban con
Cordeles desde la trasera hasta la punta de la Estranguadera del Carro. Tan
solo los Carros de los años sesenta disponían de Estranguaderas de
hierro, anteriormente consistían en unas varillas de tres ó cuatro cm.
de diámetro y de madera, formando una especie de (y) griega, sobre la
vara del Carro.
Todo esto de nada serviría, sin la colaboración ¿qué digo?, sin el
trabajo esclavo de la Pareja de Vacas que tiraba de los Carros así
preparados, uncidas las Vacas mediante el Yugo, bien sujetas con las
Cornales y como base, sobre las cabezas de los animales, las Mullidas para
amortiguar las friegas del Yugo. No solía faltar, para el rendimiento de
la Pareja de Vacas, el disponer de los correspondientes Bozales, a fin de
que estas, no se vieran atraídas pos las mieses y por tanto se
concentrasen, aunque fuese a la fuerza, en el trabajo.
Estos útiles para el Acarreo de la mies cambiaron, al igual que los de la
siega, en el último cuarto de siglo, cuando las Máquinas de segar
sustituyeron el ímprobo trabajo de la Hoz y la Guadaña, los Remolques
arrastrados por cada vez más potentes Tractores, a los Carros de ruedas
de hierro y todo ello fue engullido así mismo en pocos años, por la
tecnología de las Cosechadoras.
En una veintena de años, quedaron en el olvido, los necesarios útiles
para el uncimiento de las parejas de vacas, y así solo se recuerdan
colgados en paredes y cuadras abandonadas, los Yugos, las Hijadas, los
Gazapos con sus piedras de afilar, las Cornales o Sobeos y otros
semejantes.
H/
¡Madre! ¿Parece tan complicado el armar un carro para estos trabajos y
luego?
M/
Cuando la mies cortada había secado lo suficiente, cosa que a veces las
tormentas hacían difícil, el destino de los cereales era la Era, zona
apraderada donde se iban amontonando uno o más Carros, formando un montón
llamado Balagar. A la mañana, cuando al sol empezaba a calentar, se
esparcía una capa de mies alrededor del propio Balagar, como ala de
sombrero, ayudados para este trabajo de una Horca o un Horcón de
madera y sin duda un adecuado Esbalagador. Esta capa de mies o Bálago que
de tal se llamaba, no debiera ser muy gruesa para que el Trillo,
arrastrado por una pareja de vacas o dos la fuesen triturando por la
superficie. Luego, también con la Horca o el Horcón se daba vuelta,
sacando a la superficie lo que debajo estaba sin moler. Cuando convenía,
se echaba nueva capa de mies, ayudados por el Esbalagador o la Horca como
he dicho y así hasta que se fuese moliendo la paja y saliendo el grano de
la espiga, haciéndose homogénea la Trilla. Cuando ya el Bálago se
convertía en paja, los últimas envueltas o Entornar la Trilla, para
sacar las Casullas del grano, se hacían con la Pala de Entornar, que era
en su totalidad de madera. La Trilla se terminaba cuando se consideraba
que tanto la paja como el grano estaban preparados para su separación, el
día de la Limpia.
A
veces frecuentemente, la tormenta, el aguacero o el pedrisco hacían
trabajar a prisa para Acorralar aquella Trilla que aún no estaba a punto
para ser Emparbada, nombre que se daba al montón de mies que se iba
formando, en el centro generalmente de la trilla, de lo convenientemente
triturado, según ya te he indicado. El Acorralar consistía en hacer un
cordón con la mies, amontonada en círculo, simulaba un Corral de ahí su
nombre y así dispuesta con el fin de que el agua de la tormenta calase lo
menos posible lo ya trillado, que se deberá esparcir cuando el sol lo
permita y nuevamente se procede a dar vueltas con el Trillo hasta la
trituración conveniente. Este Acorralamiento, se le dejaba incluso unas
aperturas, a forma de puertas, por do |