Por: Juan Antonio Llamazares.

 

Día Primero: 

M./ Ahora que mucho tiempo tengo de pensar en el pasado, quisiera querido Antonio, contarte cuanto me acuerde, de la vida de este Pueblo de Solanilla, que la vejez me está encorvando y no obstante ser testigo de ella quisiera para el futuro, antes que la mente me falle más de lo debido, que lo más preciado de un Pueblo es la memoria de su pasado y el orgullo de su nombre.

H/ ¡Oh!, muy bien mi querida madre, empieza pues cuando quieras y relátame todo aquello que merezca tu consideración, que así pienso dejar constancia de ello.

M/ Aunque la distancia en el tiempo nubla las cosas, no es menos cierto, que las limpia y hace que solo brille lo importante que para el futuro es. Te hablaré pues:

 

Del Monumento. 

Así, trataré de rememorar acontecimientos, que de una manera u otra movieron los sentimientos de este nuestro Pueblo. Empezaré pues por algo, que transmitido hasta nuestros días, ya conoces: la llegada al Pueblo, del Monumento, que así se llamó lo que a continuación te mencionaré.

H/ Bien madre, eso ya sabes que lo conozco un poco y seguramente entre los dos, dejemos mejor reflejo de ese grupo de pinturas que lo componían siete lienzos, en torno a la Sagrada Cena, traídos expresamente para ser instalados en la Iglesia de Solanilla, justamente delante del altar mayor en la Semana Santa, contribuyendo de esa manera , a la escenificación de los actos religiosos según los sentimientos de la época.

M/ Claro hijo, debieron instalar unas poleas en el techo de la Iglesia y en el suelo unas argollas, para izar los lienzos, en los que se representa. La Sagrada Cena en el centro, delante de ella los cuatro Evangelistas justamente encima y a los lados los Profetas Isaías y Jeremías. Estos lienzos se enrollaban sobre los soportes de madera preparados al efecto y una vez terminados los actos de la Pascua, se recogían, apoyándolos en los laterales del templo, hasta el próximo año.

H/ ¿Es por eso madre, que se han deteriorado tanto y hubo que repararlos, para poder verse?

M/ Desde luego que sí, no había un lugar adecuado para su conservación y seguramente, este trato inadecuado, aceleró su deterioro y más en estos años últimos, más de veinte de inactividad.

H/ ¿Sabes que me contaba, no hace mucho Benito? Dice oír a su tía Maria, que siendo Ella una niña, recordaba cómo fue recibido el Monumento, en medio de fiesta, con gran volteo y repique de campanas, si bien tampoco Ella sabia el motivo y el por qué de esta creación pictórica, ni quién lo mandó construir.

M/ ¿Y quién fue el autor de esta obra, hijo?

H/ Alberto Fernández fue, quien en los locales, que la Catedral de León disponía, en los albores de 1900 lo hizo, seguramente ayudado por todo un equipo de los que fue Maestro de taller y progenitor de una conocida familia leonesa que no mencionaré.

M/ Fue una pena que se quemase el lienzo de los Evangelistas, por un descuido seguramente.

H/ Claro que si, espero que los trabajos realizados en 1997 estén muchos años expuestos en los laterales de la Iglesia, lo que a mi, querida madre, sabes me produce especial regocijo, por ser autor de la reconstrucción de una pequeña parte de esa historia que empezó, según reza, en el año 1902.

M/ Me vienen a la memoria, en este instante, aquellos días de la Semana Santa, en que se rezaba y se escenificaba el Calvario y lo que a los chicos os gustaba, hacer sonar carracas, matracas y carracones, con los que retemblar cuanto en la Iglesia se encontrase, los mismos instrumentos con los que se llamaba, por las calles repicando, a los actos religiosos hasta el día de Pascua.

H/ ¿Qué mas cosas recuerdas haber oído de aquellos años?

 

De la Escuela.

M/ Escucha, escucha, Antonio. Pocos años después, aunque no se exactamente, pero sí en la primera década del siglo xx, se construyó un edificio que algunos bien sabéis el esfuerzo que os ha costado, el que se mantenga en pié y en el que tantos aprendimos las cuatro reglas que se decía antes.

H/ Entonces madre, ¿tiene ya un siglo la escuela, porque de ella me hablas, verdad?

M/ Sin duda, cercano ya, debe estar el año de su centenario, aunque lo único que recuerdo es oír a tu abuelo Jacinto, que se construyó, siendo El presidente del Pueblo y muy joven y que la financiación de las obras se hizo, repartiendo las tierras que hoy se conocen entre la Jana y la Cota. El reparto para la labranza, del que se sacaban las rentas necesarias, se destinó como definitivo para sus adjudicatarios, pasando a su propiedad, las fincas que a sorteo se dieron. El primer maestro que tuvo el honor de dar lecciones, en esta escuela, fue D. Toribio, luego lo haría D. Benito que era de aquí, mas tarde vendrían............hasta que se cerró la escuela por falta de niños. ¡Quién lo diría, cuando íbamos más de cuarenta en mi niñez !

 

De la Casa Rectoral.

H/ La verdad madre, que eso si que parecería un Pueblo y sin duda que esa época de los años veinte en adelante fue próspera, al parecer.

M/ No cabe duda que sí. Si quieres y ya para terminar por hoy, que estoy muy agotada, te diré que en aquella época, se construyó otro edificio, que estos años estáis tratando de recuperar; la Casa Rectoral, donde está el bar y que tan buenas horas nos hizo pasar, desde los años 60, en que nos reuníamos allí, buena parte de las gentes del Pueblo cada anochecer, para ver algún programa o concurso, en la única televisión que hubo durante bastantes años, en el Pueblo y el bar, en el que los hombres, sobre todo, jugaban la partida o se tomaban unos vinos, reemplazando así los lugares de reunión y cambiando poco a poco la forma de convivir.

H/ !Madre, pero tengo entendido, que esta casa se construyó para el Párroco del Pueblo, o no es así¡

M/ ¡Claro, por supuesto!, la construyó o la mandó hacer Tío Joaquín, a cambio de algunas tierras y de la casa que está en la c/ .Los Prados, nº 6 hoy día.

H/ ¡Y buena vivienda hizo, madre, buena vivienda!

M/ ¡Desde luego que sí !

H/ ¿Te acuerdas, que contaba padre, que recién estrenada la casa, se reunían muchas tardes, los sacerdotes de los Pueblos cercanos y se les oía discutir acaloradamente en torno a un vaso de rica mistela, si la Sota era o no, la culpable de haber perdido la partida ?

M/ La casa poseía una hermosa cocina de hornilla y la despensa del Cura no debía estar vacía y hasta servicio tenia en la planta superior, que daba acceso directo al establo del caballo.  Bueno ya está bien por hoy, que tu tienes que madrugar y yo la lengua reseca y hay más días para el afán.

H/ Hasta mañana pues, madre.

M/ Hasta mañana.

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Día Segundo

 

De los Manantiales del Pueblo.

H/ ¿Cómo te encuentras hoy ?

M/ Como siempre, hijo y más cansada, pero estos días cuando nos faltó el agua, me vino a la memoria el primer intento que acometieron en época de tus abuelos, de sacar agua, en el centro de la Solana. Trajeron un pocero y mucho lo debieron intentar, pero sin duda el agua no estaba al alcance de aquellos medios y si bien perforaron mucho, en cuanto encontraron roca se les atascó la "machina", dejando la obra sin terminar y otros fueron quienes tuvieron que sacarla, según cuenta Ovidio, desistiendo al fin, con lo que debieron seguir las mujeres, porteando las ropas hasta el Caño o ayudadas de los animales de carga, generalmente burras, que en cada casa había.

H/ ¿Pero, según está de lejos, madre, llevaban mantas y toda clase de ropas?

M/ ¡Claro hijo, claro cuánta ropa se necesitase lavar! ¿Y no recuerdas que os traíamos a los niños el pan del Mirmillín? Con él, os entreteníais como si de pan mágico se tratase, pues se criaba, según la tradición, en la fuente del Caño.

H/ ¡Si me acuerdo, si! Mira que éramos inocentes y lo comíamos con verdadera ansia. Ese agua desde luego, ¿siempre fue muy buena, verdad? ¿Y siempre estuvo esa fuente bien arreglada?

M/ Así es como tú le conociste, pero a continuación te contaré que cuando yo era una niña y ayudaba a tu abuela en las labores, el Lavadero y la Fuente eran de piedras sueltas y con las tablas de lavar, apoyadas en ellas, incadas las rodillas hasta hacernos heridas y ayudadas por un panal de jabón, frotábamos las ropas, que una vez lavadas, debíamos traer hasta casa. La fuente y el lavadero se acondicionaron y se hicieron de cemento por el año 1940, lo hizo el Pueblo, en Hacenderas, dirigiendo las obras el Tío Molleda y siendo Presidente del Pueblo el Sr. Gil (Tío Gilón). Fracasado el pozo de la Solana y como cada día se hacia mas duro este trabajo de tener que desplazarse más de un km. para lavar, siendo presidente del Pueblo el Tío Esteban, ya hace más de 40 años, acordaron en concejo, traer el agua de esa fuente hasta el pueblo, pero lo que ocurre cuando prevalece el interés de unos pocos y convencidos los mas influyentes se pusieron a picar en el lugar denominado Los Pozos, desestimando el agua del Caño, que es sin duda mucho mejor y más segura en cantidad, aunque también más lejana. Como te digo, se trajo el agua de los Pozos hasta la Solana, dotando el servicio de un caño para coger agua, un bebedero para los animales y distante unos metros de este, un lavadero para sustituir el del caño mencionado, que tantos años sirvió al Pueblo y donde hoy están las dos fuentes. Como sabes, hace ya cerca de 20 años, siendo Paco, Presidente del pueblo, se hizo la acometida del agua, a los domicilios particulares, agua que se aprovechó hasta que en el año 2000, se sustituyó por la actual del pozo artesiano, que se hizo en las Barreras.

H/ ¿Sabes madre, qué me viene a la memoria ?

M/ ¡Qué hijo, qué!

H/ Mientras me relatabas estas cosas, pensaba cuán escasa y costosa es el agua en esta tierra nuestra y cuánto debemos mirar por ella, pues fíjate madre, que no ha habido nada en el Pueblo que más haya sido objeto de interés, según me cuentas y cada día nos preocupamos todos para que no se malgaste, pues es muy alto el precio que por ella debemos pagar. Pero volviendo al principio, ¿Cómo hicieron la obra de los Pozos, te acuerdas ?

M/ Eras tu un niño, ¡claro que me acuerdo! todos los vecinos en hacenderas, trabajaron mucho a pico y pala. Fue en 1954 la primera vez que picaron, primero una "calicata", luego comprobado que había suficiente agua, hicieron una zanja más amplia que rellena de cantos, servia de depósito, para el agua que, mediante una tubería de gres, se condujo hasta la Solana, como te dije anteriormente. Hubo una segunda excavación, años después al mermar el manantial, secando incluso las norias cercanas. En esta excavación se añadieron tubos de hormigón como drenaje y más tarde, instalaron una pequeña bomba que subía el agua al depósito que construyeron en la Jana y así como también te dije, se hizo la acometida, en medio de no poca polémica, no creas.

H/ Como el agua, ya veo , es tema difícil de resolver desde siempre, mejor lo dejamos y me cuentas otras cosas que han marcado a este Pueblo durante los muchos años vividos, ¡ no te parece !

 

De los medios de Transporte.

M/ Pues si, querido hijo, ahora la mayor parte de las personas que trabajáis, lo hacéis en la ciudad, pero cuando yo era una niña y mucho después, la ciudad distaba no menos de 2 horas de camino, que en caballería o andando debíamos hacer y solamente por necesidades de compras imprescindibles o enfermedad, dejando las caballerías, en las Posadas de S. Pedro, de La Tía Salomé y otras. Esas yeguas o burras preferentemente y durante siglos, eran el transporte no solo para ir a la Ciudad, sino para llevar la "maquila " al molino del Tío Patricio, llevar al campo la comida, sacar agua de las norias para regar unas hortalizas o para pequeñas trillas de legumbres y otras cosas, hasta que la última burra de Amable desapareció, hace pocos años aún, siendo arrebatadas, poco a poco, de la sociedad agraria que tanto ha cambiado. Así llegará el primer coche a Solanilla, que fue el de Aljimiro, ya hace sus años, mucho antes de que echaran brea a la carretera, con lo que te imaginas el trato que le daba al 4L que se compró.

H/ Claro que tardaron, que también a mi me costó ir a León algún invierno por Villafeliz, por estar intransitable la que hoy es carretera, que aquí van muy lentos los avances.

 

De la carretera hasta Villalboñe.

También me acuerdo cuando a pico y pala igualmente rebajaron la cuesta de la Varga y con el primer tractor, que fue el del Tío Gabriel de Navafria, se trajo la piedra para el camino de Solanilla a Villalboñe, allá por los años 60. Mucho trabajaron los Vecinos de este Pueblo, para dejar unos accesos dignos, de Solanilla a Villalboñe; me comentaba Amable que no menos de 60 hacenderas, como ya dije a pico y pala, que es muy duro y no solo eso, sino que hubieron de enfrentarse a no pocos problemas a la hora de las expropiaciones de las fincas, pues sabido es que el camino anteriormente, era poco más que una rodera y hubo que ensancharle, aunque fuese mínimamente y costó enfrentamientos, con particulares de ambos Pueblos.

M/ Sin embargo, ya entonces había coche por la carretera del Condado, el de Francisquito, la empresa López, al que se recurría con frecuencia a pesar de tener que andar de dos a tres km. para ir y otros tantos de vuelta.

 

De la falta de Documentos.

H/ Deja ya por hoy el relato, madre y otro día seguiremos con estas pequeñas anécdotas que conviene recordar, pues te voy a decir algo muy importante también y es, que este Pueblo, no tiene en su poder, un solo documento que relate su historia, lo que produce pena y por eso es tan importante la constancia de estos momentos, que sin ser la verdad absoluta, si se deben conservar como reflejo de ella, a falta de los que sí hubo y alguien irresponsablemente guarda o destruyó, borrando la memoria del Pueblo, que es lo mas importante a conservar, como me decías al principio y que sin ella no es nada y así también nos lo aseguraba, no ha mucho, la Directora del Archivo Histórico, Dª Carmen, " Lo más importante de un Pueblo, no es lo que posee, si no su memoria histórica, el saber de donde vienen sus costumbres y lo que sus antecesores hicieron en pro del mismo "

M/ Otro día pues, seguiremos charlando de hechos que se produjeron en una época, que sin duda fue la más espléndida de este pasado siglo, a tenor de los recuerdos que me vienen a la memoria, pues fíjate, querido hijo, que en los años mediado el siglo, ocurrieron acontecimientos en el Pueblo, que solo se pueden dar cuando se produce cierto bienestar y que coincidió con gran cantidad de juventud en el pueblo, que creció rápidamente.

H/ ¡Bien, pues hasta otro día, madre!

M/ ¡Hasta mañana, hasta mañana, hijo!

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Día Tercero:

 

H/ Desde que me he propuesto dedicar unas horas a este menester, cada día se me esconden cosas que debieron suceder en estas décadas y no hallo seguramente una respuesta real y así quizás escriba más una novela que la historia de este Pueblo, pero no por ello cejaré en contar cuantos datos me aporta mi madre y otras personas de las que aquí dejo constancia como fuentes de estos relatos y así cada día me asaltan nuevas preguntas.

 

De la Torre de Espadaña.

¿Por qué se alargó la Iglesia, madre?

M/ Está claro hijo, allá por los años 40, había crecido el numero de habitantes y la época era propicia para ello, había mano de obra abundante y social y religiosamente era igualmente lo apropiado. Te hablo de los años, recién terminada la guerra, que tantas vidas e ilusiones se llevó.

H/ Bien a prisa se debió trabajar en 1944 por que  así a los pocos años, la pared que hicieron para ampliar la Iglesia, empezó a ceder y mira cuanto trabajo y esfuerzo nos costó sujetar la tendencia a caer de la misma, pues no habiéndola sujetado al tejado que era lo propio, cuanto más construyéndola sobre terreno movido del cementerio, cada día se abría más y más la grieta de separación hasta su segura caída, de no poner algún remedio.

M/ Si te has fijado, habrás leído la inscripción en la que se lee el año en que se reparó la torre de espadaña, que así se llama y que reza igualmente en 1944, al igual que el alargamiento de la Iglesia, dirigida su reparación por el Tío Molleda, que tantas obras realizó por toda la Sobarriba. Este hombre, oriundo de Villalboñe, era aparejador, arquitecto, delineante y otros títulos más le adornaban y que se resumen en una sola palabra: Albañil. Sus obras son típicas en todos los alrededores, quedando como ejemplo, esas fachadas clásicas en su hacer, donde mezcla las piedras rodadas, que aquí abundan, con el ladrillo bien cocido de la época, formando cuadrados o rectángulos bien visibles.

 

De la quema de la Iglesia.

H/ ¿Y la quema de la Iglesia, madre? ¿Que sucedió?

M/ Ya eras tu mayorcito hijo, se quemó el día del funeral de la Tía Gabina, la abuela de la madre de Sebi, el día 17 de agosto de 1956, seguramente por descuidar una vela encendida sobre el altar que estaba enfrente de la entrada, terminando con el retablo que sustentaba y como ya te dije, con parte del lienzo más grande del Monumento, que de siempre se apoyaba en su trasera. Pudo haber sido mayor el daño de haberse producido a horas en que nadie hubiese dado cuenta.

H/ ¡Poco se salvó de ese altar! ¿Quizás la Virgen del Rosario?

M/ ¡No lo se, no lo se, quizás fuese un milagro de la Virgen, no lo se!

H/ Te lo pregunto madre, porque la Imagen que tenemos en el altar que se conserva, está muy ennegrecida y dañada, seguramente por el fuego y el humo.

M/ Pudiera ser, pues poco después, la Señora Felisa, la esposa del maestro que te nombré cuando hablamos de la escuela, compró y donó una nueva Imagen de la Virgen del Rosario que se colocó a la izquierda del altar mayor y posteriormente las mozas del Pueblo de la época de Anuncia, Anita y las demás, compraron una nueva imagen del Sagrado Corazón, que colocaron a la derecha, en unas peanas que mandaron construir al Tío Graciano de Navafria. Del incendio poco se salvó, apenas tres columnas que se conservan en el portal de la casa Rectoral, como decoración de la entrada.

H/ No todo era bueno como queda claro en estos años, pero esta etapa de la vida de Solanilla, seguramente como la de otros, fue de auge sin duda y mucho interés para sus habitantes, que en 1950 censaban el Pueblo 134, disminuyendo paulatinamente a partir de entonces.

 

De la Panera.

M/ Era la Casa de Concejo, que así la llamaron y te recordarás, cómo en este edificio, había bancos de madera, muy toscos, pero que servían en los días de concejo o para las fiestas de S. Isidro o S. Esteban, cuando el tiempo lo aconsejaba o para la Conrrobla de algún vecino nuevo y en todo caso, el escabeche y el vino corrían abundantes, haciendo estragos entre los comensales que en ellos se sentaban, hablando de los temas que importara.

H/ Me relataba Ovidio, no hace mucho, que en ocasiones, la discusión llegó a las manos.

M/ ¡Claro hijo, como en toda sociedad! Pero como siempre tiende uno a ensalzar lo suyo, te diré que eran los años, en que el Pueblo, a pesar de la desigualdad económica que había, vivía más en sociedad y así, todos nos ayudábamos, en cuanto la necesidad llamaba a las puertas de alguien. Todos los vecinos acudían a las hacenderas para reparar caminos, cortar zarzas y eran una piña cuando de sofocar una quema se trataba u otras catástrofes.

 

De la casa del Tío Cruz el pastor, las Veceras y el palo de los pobres.

H/ Me acuerdo cuando se quemó la casa del Tío Cruz el de Tía Modesta y cómo en fila, pequeños y grandes llevábamos agua para apagarlo. En ocasiones así no se escatimaban esfuerzos.

M/ También se daba de comer a los animales en Vecera, que era otra forma común de hacer y que según el número de los mismos se disponía el número de días de pastoreo. En corrida, se atendía a los pobres para darles posada y era el Palo de los Pobres, el que pasaba de casa en casa para ver su orden. Nadie faltaba a los bailes y otras reuniones después del duro trabajo, ni a las tertulias tras la Rueca al anochecer y un sin fin de pequeñas cosas que hacían, de Solanilla, sencillamente, un Pueblo.

 

Del baile de Ovidio.

H/ Madre... ¿Y el baile de Ovidio?

M/ Te contaré. El huerto de la familia del Tío Nicasio, que limita con la Solana, donde la hiedra reviste la fachada hoy día y que al nacer el sol da, era el lugar donde estaba el salón de Ovidio, que mantuvo varios años, alrededor de 1950, pero antes había pertenecido al Tío Isidro, cuya familia numerosa y la escasez de recursos, hizo que tuviese que emigrar a Barcelona, siendo muy niños sus hijos. Así pues, Solanilla era un Pueblo privilegiado, al disponer en aquellos años de una Gramola para acompasar un Cha Cha Cha, un Tango o un Pasodoble.

H/ ¡No se las personas cómo aguantaban y de donde sacaban el tiempo!

 

De la primera Radio.

M/ En los años cincuenta, no recuerdo exactamente el momento, aunque estas cosas las conocíamos rápidamente, por la estrecha relación entre todos, la Tía Piedad, la esposa del Tío Cruz Viejo, compró la primera radio que hubo en el Pueblo y a muchas horas tenia Gente en casa, para escuchar los sucesos de entonces y cuando de tarde en tarde, noticiaban algún hecho desgraciado, parecía que la desolación se apoderaba de todo el vecindario.

H/ ¿ De verdad, madre ?

 

De las costumbres.

M/ Claro hijo, aquí no llegaban los periódicos de la época y las noticias que lo hacían eran todo un acontecimiento, pero de esta manera estábamos entrando en la era moderna y en nada se parecía aquella vida a la de hoy y por contarte, te diré que en tiempo de verano, por ejemplo, cuando el viento separa el grano de la paja, movidos por el Vieldo, dormían mozos y chicos en la Era, guardando, de los ladrones, las Parbas. ¡Qué tiempos aquellos! Y como te mencioné otro día, cuando los abuelos eran jóvenes, después de cenar, cuando el tiempo se lo permitía, salían a la calle y mientras los hombres charlaban de sus cosas, las mujeres hacían girar con agilidad y destreza, el Huso y la Rueca, con que deshacían la lana que habían esquilado a sus ovejas, sirviéndoles luego para tejer calcetines u otras prendas de abrigo que estuviesen en sus posibles. Y siendo yo muy niña, ochenta años o más, aquí en estos campos se sembraba lino, que para su elaboración, necesitaban llevar a enrriar al río Porma, en las inmediaciones de Villafuela y le oirías decir a padre, ¡Cómo se apostaban los mozos de aquí y los de la rivera, quién nadaba mejor, haciendo verdaderas apuestas en los remolinos del río que les ponía en peligro la vida, pero la juventud, ya se sabe, siempre fue así!

H/ Algo recuerdo de todo esto, y alguna vez me contó también, que siendo niño, no tenían aquí escuela y debían ir a la de Villalboñe y aquella anécdota, en que un invierno muy frío, patinaban con madreñas, en la charca de Villalboñe, por la que a diario pasaban, que por entonces era profunda y rompiéndose el hielo, se tragó literalmente a Manahén, que a duras penas pudieron sacar. Años después seria el marido de la Tía Natividad que aun vive, disfrutando de perfecta salud a sus más de noventa años.

 

De la Fragua.

M/ Durante muchos atardeceres del año, sobre todo en tiempo de invierno, desde ese medio siglo hasta los setenta, la Fragua era también otro lugar de reunión y mientras el Herrero herraba las vacas o las sacaba las sanguijuelas de la boca, con el badil albando o machacaba las rejas, con ayuda de sus dueños. Otros, a la orilla del calor que despedía la hoguera con el fuelle bien soplado, contaban sus cuitas terminando con la piel más oscura, por el cisco acumulado del ambiente.

 

Del Teleclub.

H/ ¿En aquellos años no había tele, verdad?

M/ ¡No tardó mucho en llegar, no!

H/ Recuerdo ya esa etapa de la época de los sesenta, cuando el gobierno de entonces, propició el acondicionamiento de locales, en Pueblos pequeños, en los que se instalaba una televisión; eran los conocidos como Teleclub. Solanilla nunca se acogió a ese servicio, pero la voluntad de sus Vecinos y sus aportaciones instalaron los idénticos servicios que los Teleclubs, tenían y se ese modo, todos los centros de reunión, bien a la puerta de la Iglesia los domingos, o frente a casa del Tío Lorenzo o en la Panera, se cambiaron por este y así, no había tarde que el local no tuviese Gente, atendiéndose en corrida, hasta que el desinterés hizo que desde al menos veinte, sea Julián, quién se encarga del bar, que se abre los días de fiesta, nada más, pero que atiende con esmero.

M/ Llevamos mucho tiempo hablando por hoy y la respiración me está fallando, hijo.

H/ Si, ya está bien, que luego tengo yo que resumir todo aquello que me has contado y tardo mucho en redactar tantas cosas, que debo precisar, para no faltar a la verdad.

M/ Desde luego que sí, hijo, que es mejor no decir nada que faltar a ella.

H/ Eso nunca lo haría, madre, eso nunca, pero como ya sabes, la distancia en el tiempo, sin documentos que avalen los acontecimientos, hace que estos a veces se difuminen y aparezcan más subjetivos, aunque es cierto igualmente, que toda historia, con el tiempo se lima de lo accesorio y en este caso nos debemos en demasía a la memoria, por carecer de los mismos.

M/ ¡Así pues, hasta maña querido Antonio!

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Día Cuarto:

 

De la Virgen de las Rutiellas.

H/ ¡No me has mencionado, tan siquiera, aquel hecho que conmovió al Pueblo, cuando se llevaron la Virgen de las Rutiellas!

M/ ¡Es muy cierto hijo!, y no debe de quedar en el olvido, pues era una reliquia del pasado que todos querían.

H/ ¡Escucha querida madre estas palabras, a Ella dedicadas para el recuerdo, que en su nombre escribí humildemente!, ... y dicen de esta manera:

 

 
 

¡Qué van llevando a la Virgen!,

 ¡qué es por Ella y van diciendo

que al cielo la van llevar!

¡que está la Virgen gimiendo!

¡que Ella no quiere marchar,

que hondo pesar, va sintiendo!

 

Que el Nene que lleva en brazos,

Dios es, Hijo del Eterno

y unido a El, por los lazos

de ese Amor, que es lo primero,

prieto, lleva en su regazo,

el cariño de su Pueblo.

 

Que así, de arrugas y penas,

está su rostro marcado

y sus ropas, no protegen

ya a ese cuerpo, longo en años,

que la carcoma denota,

los siete siglos pasados.

 

Que cuentan, Viejos, en dichos,

que Esa, que fuera Doncella

de quién tuviera el capricho

que a Esa Mujer hizo bella,

de Solanilla, la hizo

Señora de las Rutiellas

 

 

 

 

¡Que van llevarse a la Virgen,

que ya vienen a por Ella!

‘Que no es verdad, lo que dicen,

que marcharse Ella quisiera!

Que después de tanto tiempo,

¿qué amor, de tantos, tuviera?

 

J.A. Llamazares.

H/ ¿Te ha gustado madre?

M/ ¡Si, claro que sí!, mucho, pues en estos versos se condensan los sentimientos que en aquellos días embargaban a los vecinos de este nuestro querido Pueblo, sí me ha gustado y es una pena que con el tiempo todo se vaya olvidando.

H/ ¿Qué más me debes de contar, que recuerdes?

M/ No tengo mucho más que decirte y que ahora recuerde, de estos muchos años vividos y de los ochenta para acá, seguro que tu tienes mejor memoria.

 

De la fiesta del Pueblo.

H/ ¿ En mi niñez madre, la fiesta de San Esteban era la única que se celebraba, verdad?

M/ ¡Claro que sí!, pues la del Corpus no tenia raigambre ninguna y hace pocos años que se celebra como ahora, prácticamente desde que los jóvenes que tienen ahora de 35 a 40 años y que como Rosi, Pili y otras más, se les ocurrió, siendo estas, en sus años de juventud, sus verdaderas promotoras de lo que hoy celebráis. Pero como te digo, la principal fiesta, ensalzaba al Patrón de Pueblo y siempre se contrataba músicos para la ocasión. La dulzaina y el tambor desde que yo recuerde y así había en el mismo Pueblo de Solanilla quienes tocaban muy bien la dulzaina, como Tío Benjamín o Tío Cruz y otros redoblaban el tambor con destreza como Tío Dacio, mi padre o Abundio y más tarde, alguna pequeña orquesta, como Los Rodriguez, que muchos años vinieron con nieve, amenizando el baile en las eras o en la casa Concejo. Tampoco faltaba nunca el corro de aluches de rivalidad entre los Pueblos de la Sobarriba y la Rivera, por ver quién se llevaba el mazapán. En la fiesta del Patrón siempre se congregaban un sin fin de Pobres de los de antes, que a la salida de la Misa, recibían hogazas de pan bendito, que los vecinos ofrecían y que repartían entre los presentes y que luego, unos llevaban y otros lo canjeaban por dinero u otros enseres de utilidad.

H/ Esto sí que me acuerdo, y poco a poco se fue terminando, gracias a Dios, pues la gente hoy al menos, dispone de lo más elemental para vivir.

M/ Sin duda que sí y con esto, ya vamos llegando a estos años, en que el Pueblo se ha convertido en un puñado de vecinos, que a diario apenas se ven, pero llegado el día de fiesta, parece revivir del letargo diario, como la mayor parte de los de nuestro entorno.

H/ Seguramente sí y la historia de estos años, otros la deberán contar con una perspectiva temporal mejor, pues de estos, quedan muchos datos escritos y por tanto la realidad de las cosas es más evidente. Como te he mencionado en ocasiones, mis mejores recuerdos, como por otra parte es lógico, son los de la niñez y para terminar, como muestra de ello, te voy a recitar un poema, que hace tiempo escribí y que está dedicado a todos nuestros Abuelos, muchos de los cuales apenas conocí y a otros ni siquiera me he acordado de sus nombres, pero todos están en el sentimiento. Lo llamé:

 "Mi niñez" y dice así:

De grupa, haciendo con ramas

levantar nubes queríamos,

de tierra de nuestras calles,

cuando de niños corríamos.

 

Si acaso el aire no hacía

Arrancar torvas de polvo,

Desde la Varga a los Prados,

Nos encargamos nosotros.

 

La rivalidad extrema,

No hay medianas si no tornas,

Piedras y palos envisten,

Toma la Varga la tropa.

 

Éramos niños traviesos

Como los de cualquier pueblo,

Si bien, todo cuanto digo,

Es nuestro, de nuestro pueblo.

 

Si de la ciudad llegabas

Por la Juncar o la Varga,

Costaba, otear la aldea,

Igual que por la Atalaya.

 

Frondos árboles la envuelven,

Negrillos en abundancia,

Algún chopo y mucha zarza,

Roble ciruelo y mostaja.

 

No viene en balde lo dicho

En estos versos primeros,

Pues fue, mi pueblo un oasis,

De mucho ramaje envuelto.

 

Mi pueblo el más lindo era

Y escribo, como en mis sueños

De la niñez, se me agolpan

Desdibujados recuerdos.

 

 "Rosana el guante" gemia

En la cuadra Tía Julita,

La Biblia en verso contaba

Con embeleso, su hija.

 

Si Victorina, en ausencia

No nos relata sus cuentos,

Nunca nos faltaban cuadras

Donde pasar aquel tiempo.

 

De Nicasio, de Lorenzo,

De mi abuelo el Tío Jacinto,

De Jilón, de Secundino,

De Manahén o de Sergio.

 

En las cuadras se estudiaba,

Se bebía y se cantaba,

Retocaban el concejo,

Que aquel domingo, se hablara.

 

La cuadra era aquel lugar,

Donde chicos y mayores

Pasaban, largas las tardes,

Contando bromas y amores.

 

Primero, en casa el Tío Floro

Tubo el herrero, la fragua,

Mas, de antiguo, trasladara,

Allí donde aún hoy se halla.

 

De Dacio, la fragua pone,

Los brazos mozos, a punto,

Sacando chispas al hierro,

Con el macho, sobre el yunque.

 

Cual goma estirar las rejas

O añadir pieza al bocado,

  Que la tierra, había mordido

Al arar aquel sembrado.

 

A herrar la rubia o la mora

Que no cojeen ni áspien,

Sacarlas las sanguijuelas

Que hacen que la boca sangre.

 

Cuando en mis primeros años

A la escuela me enviaran,

Fue Dª Luz mi maestra,

Mas bien poco me enseñara.

 

De Villaobispo venía

A cantar el "cara el sol"

Y cuando Ella, no lo hacía,

Manda a su hijo, sin "don".

 

¡Cerrar las ventanas todas!

Para que sitio quedara

Y a un lado, hacer los pupitres

Que al topo, bien se jugara

 

¿Qué más, de chicos queríamos:

Abundio, Daniel, Cirino,

Tino, Asterio, Olegario,

José Antonio o Diamantino?

 

¿Macrina, Piedad, Matías,

Brigi, Beraní o Victoria,

Epigmenio o Casimiro

O el hijo de la Tal Doña?

 

Y si al recreo salíamos

En tiempo de esparcimiento,

Con los "cartones" o al "trompo"

O en los "bolos" se iba el tiempo.

 

De tarde apañas las "tromas"

Pa que coman los conejos,

Que ha sido un invierno crudo

Y se han que dado en los huesos.

 

Gratos recuerdos, aún tengo

De la niñez de aquél tiempo,

Era, del Pueblo, bien pobre,

Pero, más libre que el viento

 

Fueron los años difíciles,

Después de la lucha infame

Mas creedme cuando digo

Que nunca pasamos hambre.

 

Las necesidades todas,

Mas, ambiciones ninguna,

El pan nos sabia a gloria

Y, era un duro, una fortuna.

 

Y aunque no juzgue real,

El hecho que un niño advierte,

Recuerdo así yo los días

Y aun disfruto aquel presente.

 

Las ranas de "Fontisnán"

  Y del "Pozón"las culebras,

Nos temían, si de tarde,

Pensar, íbamos tras ellas.

 

Y al igual que en el Antruejo,

Cuando a las chicas pillamos,

Con unto de carro era,

Con lo que las maquillamos.

 

Por miércoles, la ceniza,

O al calvario, o en Pascua

A escuchar a Manahén,

A oír qué tono entonaba.

 

O a ayudar a misa a Eurípides

Que la misa trafullaba.

O al corro el día del Hábeas,

Que el mazapán se luchaba.

 

O a San Esteban, el mártir,

Patrón del Pueblo y querido

Que de la "Cota"venía,

Según contaba aquel dicho.

 

Muchos Pobres se agolpaban

Para el reparto del pan.

En la Solana, sentados,

A ver lo que toca, a cuál.

 

Luego cambiaban la "dote",

Por vino, de garrafón

  O lo vendían a peso,

Si lo ofrecía el "postor".

 

Por San Justo o la Ascensión,

Sin dejar feo a San Blas,

Con tiempo frío o calor,

Nunca nadie hubo faltar.

 

A fiesta se debe ir,

Que hay familia y diversión,

Que hay "puchero" de gallina

Y a demás obligación.

 

De inviernos los días largos

Crudos,¡hay! De pesadillas

De "pardales" y de "liebres",

Que eran presas de rapiña.

 

Los inviernos se aprovechan

Pa tejer, coser e hilar

Pa echar "pellas" a madreñas

Y la "quilmas" repasar.

 

Araos poner "orejeras"

Ajustar "manilla"y "corras",

Hacer "carriegos" de mimbres

Que en la vendimia, son rotas.

 

En mayo era el madrugar

A pedir en "Rogativa",

Que no se apedree el campo

Ni se pierda la semilla.

 

¿Y en verano?, si la nube

Arrojar piedras, nos quiere,

¡A prisa, tocar Campanas

Del Pueblo, a ver si se atreve!

 

Y a prisa crecen las zarzas

Los caminos estrechando.

Tocar de nuevo a hacendera

Y en este tiempo, arreglarlos.

 

Rellenar atolladeros

Pa que no vuelquen los carros,

Pues además de los baches,

Hay vientos por San Pelayo.

 

Si es de la guadaña el tiempo

Del cereal o la hierba,

Con el "yunque" y el martillo

´ quitan al corte, las "mellas".

 

Fuera labor minuciosa,

Picar Guadañas y Hoces

Pues del "filo" que sacasen,

Daban fruto sus sudores.

 

Y como el Sol ignorante,

A traición fuese pillado,

Cuando asomase sus rayos,

Mucho ya era lo segado.

 

La mies ponen en "morenas"

Y con cuidado, casando

Cortes y espigas, de "brujas"

Evitar lleven volando.

 

Con las vacas se trillaba

Cuando el rigor del de arriba,

Apretaba de lo lindo

Y la paja más crujía.

 

Y en el tiempo que la "bielda"

Saca el grano de la paja,

Se dormía entre la "parva

Por no dormir en la cama.

 

Por si acaso algún ladrón

De noche ha venir con sacos,

No venga a sacar el "unto",

Que venga a llevarse el grano.

 

Ya la alegría en la tasca

Hubo en tiempos los domingos,

En casa Isidro, primero

Y más tarde en casa Ovidio.

 

Con la "gramola " bailaban

Tangos, vals y pasodobles

Y vaya jarros que echaban

Del vino, que hace ver doble.

 

Y el horno está, de mi Abuelo,

Al lado está, del "agar".

En el horno hace mi Abuelo

Una vez al mes, el pan.

 

Y una vez al año hace

El vino , en aquel "agar",

El vino es de pocos grados,

Pero es de uva na más.

 

Nobles gentes dio esta tierra

Que yo recuerdo, de bien

Y bien conservan, aún hoy

La buena herencia de ayer.

 

Pues mi pueblo conocido,

Fue en toda la Sobarriba,

Aquí había Juez de Paz,

Pa que impartiera justicia.

 

Las paredes de su casa,

Estaban siempre adornadas,

Con siluetas de un equino

A las argollas briadas.

 

"El que parte, bien reparte",

Dice el refrán, por su parte,

Mas la Ley es para todos

Y el Tío Daniel, quien la imparte.

 

En mi recuerdo pervive

La figura del Tío Cruz,

Voz fuerte, recio el carácter,

De ovejas, perros, su luz.

 

De su saber pastoreo

La "cota" tenía en contra,

Flor de estepa, en primavera

Y en invierno, sangre loba.

 

Tengo imágenes borrosas

De cómo la casa ardió,

De Tía Modesta y Tío Cruz

Y en qué estado se quedó.

 

Recuerdo hombres y mujeres

En medio de la Solana,

Portar calderos con agua,

Hasta que bien se apagara.

 

Luego hicieron casa nueva,

De ladrillo la fachada,

La hicieron, para incitar

A los chicos a escalarla.

 

Fuego y humo se repiten,

Graban de niño mis ojos

Que bien fue por el descuido,

De una vela, en su acongojo.

 

Pues se le fue de las manos,

A Tía Gabina la vida,

Un diecisiete de agosto,

Cuan negro y triste sería.

 

Día aciago, por la tarde

Sala el humo pol tajado,

Dan cuenta y tocan a quema,

¡ La Iglesia se está quemando!.

 

¡Abrid las puertas, a prisa!

Y en tromba, con gran estruendo

Se oye al caer el altar,

Que en ascuas se está partiendo.

 

El Lienzo del "Monumento"

Tras el retablo se hallaba,

Lucas y Juan se abrasaron,

Mateo y Marcos lloraban.

 

Estos retazos que escribo,

Aislados por la memoria,

Son de mi Pueblo pequeño,

Los pesares y las glorias.

 

Gloria fue y gran regocijo

Ver el agua en la Solana,

Sola de los Pozos viene,

Llena de esfuerzo y de ganas.

 

-¡Y digo! Sacos llevaba

Del Tío Patricio, al molino,

A lomos de aquella burra

Mi Padre, con muy buen tino.

 

De uno en uno, los llevaba

Pa que durasen más tiempo,

Pues debía, se estirar,

La harina, el salbao y el pienso.

 

La electricidad ya hacía

Girar tal tamañas piedras,

Que trituraban el grano

Pa sacar la harina fresca.

 

De muchos Pueblos llegaban

Y a cada cual, su "Maquila",

Con carros, caballo o burra,

Que a por harina venían.

 

Si a León debíamos ir,

Pues era ruta obligada,

El molino, cual posada,

Era de tarde o mañana.

 

Allí pasamos la noche,

Mi madre y yo bien pequeño,

La nube se puso en contra

Y Castor nos dio aposento.

 

Hacia atrás echando el tiempo,

Son de uno en uno pesares,

Los que quedaron, después

De perder tantos amores.

 

Solo recuerdos aislados

De Gentes que ya se fueron.

¡Cuantos años han pasado!

¡Cuantos años, flor de un tiempo!

 

Mi abuelo Quico, del cual

No conservo ni un reflejo,

Mas siempre escuché a mi Padre,

Que era humor, juicio y talento.

 

La madre que yo recuerdo

De mi Padre, Rosalía

Tenía duro el carácter,

No era de tiernas caricias.

 

Mas bien, el nombre fue propio,

De mi otra Abuela, Tía Ángela,

Gruñona, pero del cielo

Y mujer donde las haya.

 

Ya conocí, de mayores,

A Juanón, Pepe y Cristencio,

Al Tío Gilón, mi padrino,

A Juliana y Eliberto.

 

De Floro, Esperanza y Lopez,

Solutor o ManaHén,

Tía Eufrasia y Tío Gerardo,

Bien yo doy testigo y fé.

 

La Parca llevó a Venancio

Y a mi Tío, allá en Palencia

Y a Magdalena los niños

Y al Tío Anselmo y a Inocencia.

 

Y a mi otro abuelo Jacinto,

A Prudencio y Don Benito,

A Tía Modesta y María,

Secundino y Felicísimo.

 

También llevó a Iluminada

Y a Cruz y a la Tía Piedad

Y a más que aquí no menciono,

De otros no me acuerdo ya.

 

Nos abandonó Mateo,

Mi Tío Mauro y Nicasio,

Consolación y Gilín,

Secundino y el Tío Santos.

 

Adiós, Paulino y Damián,

La una y otra Asunción,

También dijeron adiós

Tío Daniel y anunciación.

 

El tiempo ya se detuvo

Para Arcénida e Isidro.

También rindieron ya cuentas,

Tía Baldomera y Jacinto.

 

Del traslado del Tío Sergio

Ya Caronte se encargara,

De Tía Julita y Rolindes

Y a Teodoro, bien llevara.

 

Y al otro lado del lago,

También llevase a Lucinia

Y a otros muchos que engrosaron,

El jardín que nos dio vida.

 

Las ramas y flores de hoy,

Son las raíces, que un día

Cercano ya el medio siglo,

Derrochaban gozo y vida.

 

Cuán pequeño es este Pueblo,

Pero mi orgullo es por Él,

Yo por eso siempre digo

Que aquí es donde fui a nacer.

 

Bien, antes de terminar,

Brindo yo, en la Sobarriba,

Pues es tierra de quien hablo

Y se llama Solanilla

H/ Como podrás comprobar querida madre, he recordado muchos detalles que en la niñez se viven con más intensidad, arrastrándolos uno durante toda la vida y he tratado por tanto, de dejar breves pinceladas de lo que el siglo que acabamos de terminar nos deparó, a ti y a otras personas muy especialmente pues conocisteis los primeros albores del mismo y entre todos hemos tratado de dejar constancia de ello, de manera amena, eso sí, a fin de hacer agradable su lectura. El final del siglo XX ha conocido situaciones dolorosas, muchas de las cuales hemos mencionado, pero no obstante da enorme satisfacción, ver cualquier fin de semana, esa juventud sana y para lo que es el Pueblo, ciertamente abundante, que no falta a sus citas, ese juego de bolos que cada domingo discute alguna de las reglas no escritas, el partido de futbol de difícil clasificación, si atendemos a la edad de sus participantes, esas pequeñas obras que en estos años se han ido realizando paulatinamente eso sí y en fin que aunque son a veces los sinsabores difíciles de sobrellevar, merece la pena seguir intentando dejar un Pueblo mejor a quienes nos sucedan.

M/ Desde luego que si, pero no se si las fuerzas me aguantarán, la Navidad se aproxima y parece que las emociones también, flaqueando la memoria al par que el cuerpo. Este 2003 ha sido mejor que el pasado, pero algo me dice, que también para mi está llegando la Navidad.

H/ Han transcurrido unos meses y...tenías razón, querida Madre,  hemos debido pasar todos unidos, un tiempo lleno de sensaciones que turban la razón y en el que ocupaciones ingratas nos han distraído de los relatos que meses atrás me venías contando y que si no te importa mucho, querida Madre, me gustaría que prosiguieras, descubriéndome acontecimientos que yo no conocí de estos andares de las Gentes del Pueblo.

M/ ¡No faltaba más, hijo mío! Siempre que el ánimo no te falte, a ti ahora, te contaré cuanto desees, pues yo dispongo de todo el tiempo que tu me puedas prestar y además la mente en esta situación está más clara y seguro que sabré enseñarte a comprender aquellas cosas que te sirvan de reflejo de lo que fue y solo con la emoción reprimida, analizando errores y cosas buenas aprenderás para el futuro, sirviéndote de ejemplo.

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Día Quinto:

La Trilla.

H/ ¡Hay madre!, Llevo esta época falto de concentración en todo y los fantasmas se apoderan con frecuencia de la realidad.

M/ La vida, hijo, también es fantasía y todas cuantas cosas hemos recordado, reales en otro tiempo, hoy añoranzas e ilusiones son.

H/ ¿Y esperanzas, madre?

M/ ¿Acaso, querido hijo, estos recuerdos no son el fruto de la esperanza?, ¿La realidad de niños, ilusión de mozos?, ¿El añorar del viejo, ser niño de nuevo?

H/ Si madre si, pero hay que seguir de nuevo día a día, trabajando y también divirtiéndose, que así fue siempre.

M/ Nuestra época no fue igual, no, no.   También nos divertíamos, ¡pero qué distinto! Desde bien pequeños en el tiempo de verano cuidando las vacas, la burra, llevando el almuerzo a las tierras o trillando no daba para más.

H/ Por cierto madre, aquellos recuerdos sobre la “trilla” ¿son tan bonitos como aparecen reflejados en los posters? ¿no, verdad? La trilla no era semejante a una ruleta, tras la que se daba vueltas para divertirse, sin duda.

M/ ¡Desde luego que no! Te contaré y verás lo duro que era, hasta conseguir separar el grano de la paja, que en definitiva de eso se trataba.

H/ Empieza pues a contarme y tomaré algunas notas que otros podrán leer, pues seguro que ahora lo entenderé mejor.

M/ En torno a las fiestas de S. Juan, la segunda quincena de junio y por supuesto según los años, se empezaba la siega de los cereales, que en estas tierras de la Sobarriba se reducían básicamente a trigo, centeno, un poco de avena y algo de cebada, dependiendo del tiempo, cómo se pudiese realizar la sementera antes del invierno y si quedasen para la primavera muchas o pocas tierras sin trabajar.     Muy en pequeñas cantidades se  sembraba algún garbanzo, casi siempre para el consumo propio o alguna pequeña venta, también chochos, titos, algo de beza y algarroba.      El consumo como digo, solía reducirse a la manutención de dos a cuatro vacas, una docena de ovejas, otras tantas gallinas y alguna coneja paridera, excepcionalmente algún curro, una o dos yeguas y los menos pudientes una burra que no era poco.

La siega, según te empecé a contar, se prolongaba a todo el mes de julio y a veces parte de agosto, siendo le semana de Santiago, la tradicional de la siega del trigo.

Durante buena parte del siglo XX, las herramientas para este tipo de trabajos eran la Hoz primeramente y luego la Guadaña. Una vez cortada la mies se iba acondicionando en Gabillas (pequeños montones de mies, dispuestos los cortes a un lado y las espigas otro)     Estas Gabillas se ordenaban con las espigas hacia fuera y los cortes de una, frente a los de otra, con en fin de protegerlas de los vientos o torbellinos propios del verano, durante los días que deberán permanecer en las tierras. Este orden de Gabillas, de tal manera dispuestas, se llamaba Morena.  La mies ya segada y bien recogida con el Rastro, solía dejarse un tiempo en la tierra con el fin de que secase bien y además se hiciesen más compactas las Gabillas para estar en las mejores condiciones para el Acarreo, lo que influía incluso en una mejor adecuación para el traslado, a vida cuenta de las condiciones en que se encontraban los caminos en no pocas ocasiones, con el peligro de entornar consecuente.

H/ ¡Cuéntame madre!, ¿cómo se disponía todo para el acarreo?

M/ Para tal menester, los carros disponían de unos aparejos propios, a ver si soy quien para explicártelo, de forma que lo comprendas bien.

En el tablero del Carro, atravesados adelante y atrás, se colocaban dos tablones robustos a cuyos extremos se había hecho unos agujeros como de tres por doce cm. más o menos que sobresalían del tablero del carro. Cada una de estas piezas se denominaba  Berbion. Los  agujeros de los Berbiones servían de punto de apoyo a los aparejos propios para el acarreo, que consistían en cuatro puntales, dos a cada lado, en paralelo por tanto y de madera noble, cual podía ser negrillo, roble u otra de gran resistencia. Estos puntales habían sido taladrados en dos alturas adecuadas también en medidas semejantes y en esos agujeros, introducidos dos largueros que sobresalían del largo del carro entre uno y dos metros  por delante y por detrás. Tales aperos para el acarreo se llamaban Pernillas. Los dos  largueros de las Pernillas de cada lado, en la parte que sobresalían del tablero del carro, se enlazaban con unos Cordeles para el acomodo de la mies, por la parte trasera hasta las Corzas, base formada por dos largueros fijados a los laterales del carro, cuyas partes sobresalientes traseras se unían por tres traviesas, para formar la base sobre la que depositar las Gabillas.  Las Corzas se sujetaban a la base del Carro mediante la presión que ejercían sobre ellas los Berbiones. 

Tanto los laterales como la parte delantera igualmente se entrelazaban con Cordeles desde la trasera hasta la punta de la Estranguadera del Carro. Tan solo los Carros de los años sesenta disponían de Estranguaderas de hierro, anteriormente consistían en unas varillas de tres ó cuatro cm. de diámetro y de madera, formando una especie de (y) griega, sobre la vara del Carro.

Todo esto de nada serviría, sin la colaboración ¿qué digo?, sin el trabajo esclavo de la Pareja de Vacas que tiraba de los Carros así preparados, uncidas las Vacas mediante el Yugo, bien sujetas con las Cornales y como base, sobre las cabezas de los animales, las Mullidas para amortiguar las friegas del Yugo. No solía faltar, para el rendimiento de la Pareja de Vacas, el disponer de los correspondientes Bozales, a fin de que estas, no se vieran atraídas pos las mieses y por tanto se concentrasen, aunque fuese a la fuerza, en el trabajo.

Estos útiles para el Acarreo de la mies cambiaron, al igual que los de la siega, en el último cuarto de siglo, cuando las Máquinas de segar sustituyeron el ímprobo trabajo de la Hoz y la Guadaña, los Remolques arrastrados por cada vez más potentes Tractores, a los Carros de ruedas de hierro y todo ello fue engullido así mismo en pocos años, por la tecnología de las  Cosechadoras.

En una veintena de años, quedaron en el olvido, los necesarios útiles para el uncimiento de las parejas de vacas, y así solo se recuerdan colgados en paredes y cuadras abandonadas, los Yugos, las Hijadas, los Gazapos con sus piedras de afilar, las Cornales o Sobeos y otros semejantes.

H/ ¡Madre! ¿Parece tan complicado el armar un carro para estos trabajos y luego?

M/ Cuando la mies cortada había secado lo suficiente, cosa que a veces las tormentas hacían difícil, el destino de los cereales era la Era, zona apraderada donde se iban amontonando uno o más Carros, formando un montón llamado Balagar. A la mañana, cuando al sol empezaba a calentar, se esparcía una capa de mies alrededor del propio Balagar, como ala de sombrero, ayudados  para este trabajo de una Horca o un Horcón de madera y sin duda un adecuado Esbalagador. Esta capa de mies o Bálago que de tal se llamaba, no debiera ser muy gruesa para que el Trillo, arrastrado por una pareja de vacas o dos la fuesen triturando por la superficie. Luego, también con la Horca o el Horcón se daba vuelta, sacando a la superficie lo que debajo estaba sin moler. Cuando convenía, se echaba nueva capa de mies, ayudados por el Esbalagador o la Horca como he dicho y así hasta que se fuese moliendo la paja y saliendo el grano de la espiga, haciéndose homogénea la Trilla. Cuando ya el Bálago se convertía en paja, los últimas envueltas o Entornar la Trilla, para sacar las Casullas del grano, se hacían con la Pala de Entornar, que era en su totalidad de madera. La Trilla se terminaba cuando se consideraba que tanto la paja como el grano estaban preparados para su separación, el día de la Limpia.

A veces frecuentemente, la tormenta, el aguacero o el pedrisco hacían trabajar a prisa para Acorralar aquella Trilla que aún no estaba a punto para ser Emparbada, nombre que se daba al montón de mies que se iba formando, en el centro generalmente de la trilla, de lo convenientemente triturado, según ya te he indicado. El Acorralar consistía en hacer un cordón con la mies, amontonada en círculo, simulaba un Corral de ahí su nombre y así dispuesta con el fin de que el agua de la tormenta calase lo menos posible lo ya trillado, que se deberá esparcir cuando el sol lo permita y nuevamente se procede a dar vueltas con el Trillo hasta la trituración conveniente. Este Acorralamiento, se le dejaba incluso unas aperturas, a forma de puertas, por do